Una cerveza con el gusto bien medío. Sin quedarse corto, ni pasarse: el punto justo. Nacida de nuestras raíces, con doble fermentación y ese pellizquito de amargor que la hace fácil de beber y difícil de soltar. Vamos, de las que entran solas.
Maridaje: platos frescos (ensaladilla, humus, ensaladas...), carnes blancas, pescados y mariscos, frutos secos.
Agua. Malta de cebada. Maíz. Lúpulo y extracto de lúpulo.
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